26-06-10 AC-DC -
Sevilla (Estadio Olímpico)
Ha
costado, pero parece que por fin Sevilla entra en las rutas de los grandes
conciertos y felizmente la apuesta no se queda en el pop. Además de suponer un
más que necesario uso para el mal llamado Estadio Olímpico, situar a la
capital andaluza en el mapa musical genera una completa ocupación hotelera, da
repercusión mundial a la ciudad y –¡qué puñetas!– evita que un servidor
tenga que volver a hacer la tira de kilómetros para ir a un evento inolvidable
como éste.
El
ambiente en las horas previas por cualquier punto de la superficie urbana es
magnífico. Miles de personas llegadas de distintos lugares se uniforman
luciendo las cuatro letras mágicas y el famoso rayo eléctrico que las une. Por
el centro histórico, por las cercanías del recinto del concierto donde se hacía
acampada, en cualquier bar camino de allí o en la misma cola desde muy temprano
en busca de las codiciadas primeras filas. Llamarlo hervidero puede sonar a tópico,
pero en este caso obedece a lo que se vive: la expectación, la ilusión y las
ganas de ver a los míticos australianos se puede palpar. La gran e
intergeneracional familia del rock se muestra más viva que nunca.
Si
bien el Estadio Olímpico es un lugar ideal para este tipo de espectáculos, la
comunicación con el mismo es francamente mejorable. Resulta muy cómodo acceder
desde el aeropuerto, pero apenas hay un camino para llegar desde la ciudad y éste
se colapsa bien pronto. Aunque al producirse la llegada de fans de manera
escalonada tal problema no se presenta hasta la última hora, no puede afirmarse
lo mismo de la salida, ya que las sesenta mil personas asistentes –que se dice
pronto– demuestran la insuficiencia de las lanzaderas de autobuses y el mal
diseño de la zona de aparcamientos y sus escasas vías de evacuación.
Tras
superar las tediosas colas de acceso al estadio con la nunca bien ponderada
ayuda de una fría lata de Cruzcampo de medio litro –gran invento, oiga–
para mitigar el calor de una tarde de junio en Sevilla, puedo pasar al interior
del coso que aspiraba a albergar los Juegos Olímpicos de 2004. Con bastante
facilidad dada la amplitud de la zona de pista logro un sitio razonablemente
bueno, más cerca de la pasarela que del escenario en sí, aunque centrado lo
suficiente para garantizar una buena visión. El rato de espera discurre bien al
participar en animada tertulia con un grupo llegado de Estepona y otros tantos
de Lorca. Muchas anécdotas y batallitas de los conciertos a los que habíamos
venido asistiendo, recomendaciones de lo que no hay que perderse esta noche y,
lo mejor de todo, el frescor que aporta uno de estos amigos que trae un
pulverizador con agua y lo va disparando a las cabezas de todos cada cierto
tiempo. Eso es ir preparado a un concierto, sí señor.
La
hora de los teloneros pasa con más pena que gloria. Ojo, no es que LOS PERROS
DEL BOOGIE lo hagan mal o les falte actitud; es que, bajo mi punto de vista, una
banda del nivel de AC/DC y una entrada que se dispara a los 73,50 euros –que
alguien me explique los 8,50 que me colaron por gastos de distribución–
exigen un aperitivo más selecto. Los valencianos, seguramente ante la ocasión
de su vida, hacen lo que pueden por presentar su material, a pesar de algún
problema con una de sus guitarras que no sonaba como debiera. La mayoría de la
audiencia les prestó escaso interés, aunque ciertos temas entran bien. Me
quedo con DE NADA SIRVE HACERSE MAYOR y con las ganas que ofrecen. Sin embargo,
otros con más cartel habrían completado una oferta más interesante.
Con
algo de retraso sobre la hora oficial, según parece lógico para esperar a la
puesta del sol, bien superadas las diez el escenario se oscurece para el momento
de máxima adrenalina. Antes han estado sonando numerosos temas de los ROLLING
STONES y de bandas de hard rock emblemáticas como THIN LIZZY o RAINBOW para
calentar más si cabe a la audiencia. En un instante se apaga todo, se hace el
silencio y cobran protagonismo los muchísimos cuernos iluminados en rojo que
por cinco módicos euros “diabolizan” al más pintado. Detrás de mí entran
en éxtasis dos dobles de ANGUS YOUNG a los que no les faltan el traje, la
gorra, la corbata ni mucho menos la célebre Gibson SG del díscolo colegial
–eso sí– hecha en este caso de gomaespuma negra.
En
las pantallas nos proyectan una trepidante animación en la que entramos en un
desenfrenado tren cuyas calderas aviva el propio ANGUS. Con alguna escena subida
de tono que enfervoriza aún más al público, la locomotora acaba llegando
desbocada al estadio e irrumpiendo en el mismo en medio de la pirotecnia. Los
primeros acordes de ROCK N’ ROLL TRAIN suenan. Los iconos del rock más
gamberro están en escena. El eterno adolescente con el traje escolar toca sus
cuerdas y el imperecedero tipo de la gorra y la camisa sin mangas nos jalea.
Todos hemos enloquecido. AC/DC están en Sevilla y no piensan tomar prisioneros.
Sin
ocasión para respirar, el sempiterno HELL AIN’T A BAD PLACE TO BE comienza a
dar la razón a tanto cuerno luminoso. Si, como proclamaba BARÓN ROJO, es
cierto que los rockeros van al infierno, en efecto éste no debe ser tan mal
sitio si allí cantan los AC/DC. El primer recuerdo a los temas de la etapa BON
SCOTT no hace sino presagiar lo que se vivirá, un recorrido detallado de los
muchos años de la inmortal banda.
No
sé describir la reacción al legendario primer riff de BACK IN BLACK, que, como
es habitual, resulta ser de los temas más aclamados. Tal vez se podría decir
que la locura se asienta definitivamente en los presentes desde entonces. No será
éste, lógicamente, el único paso por aquel disco negro de 1980 grabado en la
memoria del entonces desaparecido SCOTT y que dio paso al mejor sustituto que
nunca haya habido en la escena del rock, pues no en vano BRIAN JOHNSON ocupa de
manera insuperable el gran vacío dejado por su predecesor. 
Con
más presencia de la deseada –por mi parte al menos– de material de su
reciente lanzamiento BLACK ICE, la primera parte del concierto va alternando clásicos
de siempre como DIRTY DEEDS DONE DIRT CHEAP, SHOT DOWN IN FLAMES o la más
moderna THUNDERSTRUCK con nuevos cortes como BIG JACK o la propia e insulsa
BLACK ICE. Es comprensible la difusión que pretenden hacer a temas actuales,
aunque ello nos prive de otras joyas como WHO MADE WHO, RIFF RAFF –creo que
pido demasiado– o HEATSEEKER, cuya recuperación no estaría nada mal.
A
mitad del concierto tiene lugar el no por esperado menos celebrado striptease
del bueno de ANGUS en el bluesero THE JACK. Con escasa animación por parte de
las féminas asistentes, que no siguen el juego en las pantallas más allá de
algún guiño, este momento siempre es un punto culminante en la puesta en
escena de los australianos.
Desde
ese instante entramos en un carrusel de clásicos –con la excepción de WAR
MACHINE, la cual me gusta mucho en directo– que harán que la sonrisa de
satisfacción tarde días en desaparecer de nuestras caras. Las campanadas de un
HELLS BELLS demasiado acelerado según mi gusto suponen el arranque a la mejor
parte del espectáculo.
Llegados
a ese punto nadie puede afirmar si disfrutamos del ANGUS de 2010 con cincuenta y
cinco años o del de hace un par de décadas. Y es que la entrega, las ganas de
agradar, el ahínco que pone el menor de los YOUNG en cada nota y las continuas
carreras por todo el escenario y su pasarela resultan encomiables. Logra, como
suele ser habitual en él, poner a los miles que estamos allí rendidos a sus
pies. No le va a la zaga en esta tarea el vocalista que siempre parece que acaba
de salir de tomarse una pinta en un pub, el incombustible BRIAN JOHNSON que
demuestra estar en una forma física que ya querría yo para mí con su edad en
un futuro. El carisma y el buen hacer de ambos, que son la cara vista del
quinteto, se ganan a la audiencia desde el primer instante. El resto de la banda
cumple con los papeles previstos. El hermano mayor de ANGUS, el impertérrito
MALCOM, apenas se mueve dos metros en toda la noche. Al igual que el encanecido
bajista CLIFF WILLIAMS, sólo abandona levemente su posición para apoyar en algún
coro que otro. Acabada esta mínima cuota de protagonismo, ambos retroceden
hasta su particular loseta de la que no se moverán más. Por último, la batería
de un PHIL RUDD recuperado para la causa apenas hace sino cumplir, ya que
disfruta de cero concesiones al lucimiento personal.
La
noche prospera a los sones de T.N.T., HIGH VOLTAGE, etc. Mención especial ha de
hacerse al tema que más me gusta de su extensa producción, que no es otro que
YOU SHOOK ME ALL NIGHT LONG. La historia de un revolcón mejor contada y cantada
es indispensable en todo concierto de AC/DC que se precie. La disfruto como un
verdadero enano. Ahí queda eso.
Los
últimos grandes momentos son para WHOLE LOTTA ROSIE y LET THERE BE ROCK,
verdaderos himnos extraídos de su sin par registro del lejano 1977. En el
segundo de estos temas, que bautiza aquel disco, ANGUS exhibe inagotables energías
en un solo que permanecerá en la retina y en el oído de los que lo
presenciamos. Interminables escalas y punteos de todo tipo a lo largo de la
pasarela, luego en la plataforma que se elevó en el centro del estadio y por último
en la zona alta del escenario. Tremendo.
Sin
más, la traca final la conforman los bises, encarnados en este caso por HIGHWAY
TO HELL –un tema que me dice bastante menos que otros pero que la gente suele
recibir encantada– y la emblemática FOR THOSE ABOUT TO ROCK con el que
despiden tan memorable velada.
En
efecto fue inolvidable. No sé definirlo mejor. Y lo dice alguien que lleva más
de veinte años yendo a conciertos de bandas punteras. La comunión que han
logrado con los muchísimos asistentes es total. Entrega, profesionalidad,
ansias de agradar, tablas en escena... Todo lo que se diga es poco de los
sesentones macarras que vinieron, vieron y descargaron puro y simple rock n'
roll.
Me
ha gustado mucho la escenografía. Ya estamos hartos de que los grupos de este
calibre traigan a España simplezas de escenarios con lo justito en pirotecnia y
efectos y que luego veamos vídeos de sus conciertos en EEUU o donde sea y se
nos caiga la cara de la envidia. Esta noche han desplegado un generoso arsenal
de medios para envolver magistralmente el espectáculo musical.
Dos
"peros" únicamente. Uno, el sonido, que ha estado algo saturado y a
algunas zonas de la grada según parece llegaba mal. Sonaban limpios los
instrumentos, pero algo cargados de volumen a veces. La otra pega son los
teloneros, que, a pesar de tener una actuación decente, no es de recibo que una
banda tan grande que te cuesta ver más de setenta euros no traiga para abrir
fuego a alguien con más nombre y nivel. No pido a MOTÖRHEAD (ojalá) pero sí
a alguien con más enjundia.
Repertorio
interpretado:
Larga
vida al Rock n’ Roll
José María Pinilla
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