24-07-10 MARK KNOPFLER - Murcia (Plaza de Toros)

            La espera tuvo recompensa, si hace algunos años me hubieran dicho que iba a venir tal artista, a Murcia, probablemente no lo hubiera creído. No estamos acostumbrados a tener la buena música tan cerca, es más, no estamos acostumbrados a no tener que preparar el viaje a Madrid, Barcelona o Bilbao para ver un concierto de este tipo. Esta vez los autobuses, los trenes o los coches con los CDs de recopilaciones hechos el día antes por el más entendido del grupo, no hicieron falta, esta vez, simplemente hizo falta acercarse al centro de Murcia  con el tiempo suficiente de tomar un par de cervezas antes del concierto y disfrutar del espectáculo.

            Los que, como un servidor, no tuvieron suficiente paciencia, solo utilizamos una de las dos entradas que teníamos en la cartera, y me explico: algunos de nosotros, nos quedamos tranquilos cuando compramos las entradas del Get Lucky Tour para Valencia o Córdoba, pero claro, en el ultimo momento nos anunciaron que Mark Knopfler venía a Murcia, jugábamos en casa y esa oportunidad no la podíamos perder, por lo tanto, vuelta a la Fnac o al cajero y nueva entrada. Sé de gente que se vio en esta situación y tiene las dos entradas rasgadas, como es esto, pues muy sencillo: ves el concierto en Murcia, sales a tomarte unas cervecitas para celebrar que has estado en el Olimpo de los dioses, vuelves a tu casa, coges las maletas, las metes en el coche y pones rumbo a Valencia o Córdoba, y vuelta a empezar.

            Llega el día, son la seis de la tarde y ya comienza a verse gente alrededor de la plaza, en los bares de alrededor, las terrazas estaban ocupadas por los hombres de negro, es decir, solo se  veían camisetas negras, lo típico, AC-DC, Led-Zeppelin, varias de Dire Straits y por supuesto, muchas de Mark Knopfler.

            Aún no eran las siete y ya se podía ver algunas decenas de seguidores haciendo cola, cosa que aun no entiendo muy bien.

            A las ocho de la tarde se abrieron las puertas de la plaza de toros. Una vez dentro de la plaza, pues lo típico,  le hechas un vistazo al escenario, observas los instrumentos, ves como terminan de afinar alguna guitarra y sin perder mucho tiempo vas ubicando las barras por si acaso te apeteciera una, dos o veinte cervezas antes, durante o después del concierto.

            Eran las nueve y durante la espera se podían oír buenas canciones por los bafles por los que después sonaría la música celestial. Como siempre, entablas alguna conversación con algún desconocido, en mi caso, di con un par de afortunados que pudieron ver la última gira de Dire Straits en Madrid, en el año 92, a uno de ellos casi se le saltan las lagrimas al recordarlo.

            Poco antes de las diez, apareció una mujer sobre el escenario. Su discurso tuvo muy poco éxito, la verdad, lo que nos vino a decir entre silbidos y abucheos, fue que por favor, nos abstuviéramos de hacer fotos y grabaciones al artita, para no molestarle. Sinceramente, dudo que a Mark knopfler le ofendan los flases, y en caso contrario, aguantarse, va en el sueldo.

            A las diez y 5 minutos se apagaron los focos, y entre chillidos, silbidos y palmas, se dejo oír una voz con acento ingles que dijo: “Hola, buenas noches, buenas noches”, de inmediato, comenzó a sonar una flauta a la que se le unió un violín a dúo, y ambos acompañados por un piano, seguidamente un par de acordes de guitarra acústica y por fin, sonó lo que todos esperábamos, ese sonido único que sólo Mark Knopfler sabe sacarle a la Stratocaster. Era la introducción de “Border River”, la canción que abre el álbum de la gira y la cosa ya estaba en marcha. Solo habiendo escuchado esta primera canción, nos pudimos hacer una idea de la calidad de los músicos que acompañaban al artista, sobre todo en lo referente a los instrumentos acústicos, como la flauta, el violín y el acordeón.

             El sonido era bastante bueno, la acústica de la plaza era decente, todo lo decente que una plaza de toros descubierta permite. La primera canción concluyó y sin darnos tiempo a asimilar lo que acababa de entrar por nuestros oídos, comenzó la guitarra acústica y la batería con “What it is”, en esta ocasión, las primeras notas del maestro, salieron de un trino al que le siguió el riff tan pegadizo de este tema.

            Después de esta apertura de concierto, era hora de calmar los ánimos y deleitarnos con algo mas tranquilo y el tema elegido para este menester fue “Sailing to Philadelphia”, tema que da nombre a su segundo disco. Tras la canción Mark dedicó unas palabras al público, lo típico, “como estáis, ¿estáis bien? “ “estamos en un bonito lugar” luego explicó que tras tener un accidente, el médico no le aconsejaba bailar en la discoteca y que por eso tocaba sentado en su sillón, y que estaba a gusto porque como el sillón era giratorio, le permitía mirar para un lado, mirar para otro…

             Tras estas pocas palabras el concierto continuó, el siguiente tema era “Prairie wedding”, tema que comparte disco con las dos canciones anteriores. Siendo honesto, habría que decir que este tema sirvió para que parte del público empezara a perder la concentración en el espectáculo, lo que se tradujo en un murmullo algo desagradable para los que estábamos escuchando el concierto.

            La mandolina fue la encargada de arrancar con la siguiente pieza, se trataba de “Hill farmer`s blues “. La versión que pudimos escuchar es un poco mas movida que la original de estudio, que se encuentra en el disco “The Ragspiker’s Dream”, disco de marcado estilo folk.

            El siguiente tema comenzaba con unas notas de piano, que por alguna razón, a todos los allí presentes nos sonaban de algo, mientras sonaba la introducción, Knopfler se encontraba  en la segunda línea del escenario (sería una de las pocas veces que se levantaría de su sillón) cogiendo una guitarra, cuando se giro hacia el publico ya con la guitarra colgada basto un solo reflejo de esa famosa guitarra metálica para saber lo que estábamos escuchando, y lo que estábamos escuchando era “Romeo and Juliet”, el primer tema de la noche del repertorio de Dire Straits. El publico despertó y los que  habían perdido la atención en el concierto la recuperaron al instante.

            Tras dar el toque de atención, Knopfler cambio la National Style O (la guitarra metálica) por la Fender Stratocaster roja, y sin previo aviso, cuatro golpecitos de platillo y el primer acorde de “Sultans of Swing”. Para muchos de los allí presentes el lujo de poder oír este tema en vivo y en directo ya valía el precio de la entrada. La versión fue muy sencilla, lo mas parecida posible a la versión original de estudio, únicamente intervinieron batería, bajo, guitarra acompañante y por supuesto, guitarra solista. El concierto se encontraba en su clímax, todos los que estábamos allí no podíamos reprimir las ganas de movernos, hacer palmas a ritmo y chapurrear la canción en un ``perfecto´´ inglés.

            El solo de guitarra sobresalía entre los gritos del público y aquello empezó a parecerse a olla a presión.  El siguiente tema no se encontraba en ningún set list, ya que vino de voz del publico, que se arranco con el “oeeee oe oe oe” tema para el cual, la banda nos hizo el favor de hacer un acompañamiento rítmico.

            Tras dejar que el público se recuperara del shock, Knopfler aprovecho para hacer la presentación de los músicos:  

Richard Bennett (guitarra eléctrica, guitarra acústica, laúd, mandolina)

 Danny Cummings (batería)

Michael McGoldrick (flauta travesera, flauta de pico, laúd)

John McCusker (violin, laud, flauta),

Matt Rollings (teclado, acordeón)

Glenn Worf (bajo, contrabajo).

Guy Fletcher (teclados)

            Una banda a la altura del genio al que acompañaban. Resultaba llamativo que cada uno de los músicos era capaz de tocar tres o cuatro instrumentos distintos, con una técnica bastante depurada. Aun así, la verdad es que no tuvieron mucho protagonismo, solo un par de veces los focos apuntaron a Michael McGoldrick, al piano de Guy Fletcher o a la guitarra de Richard Bennett.

            Tras el inevitable  orgasmo que produce oír el Sultans en vivo, era el momento de fumarse un cigarrito y pedirse una caña en la barra, mientras sonaba de fondo "Done With Bonaparte un tema sacado del disco Golden Heart, su primer álbum en solitario.

            Lo  siguiente en oírse fue “Marbletown” otro tema de estilo folk, estilo al cual nos tiene acostumbrados Mark Knopfler en sus álbumes. Para la ejecución del tema, el bajista cambio el bajo por un enorme contrabajo que le permitía sacar un sonido mas acústico, ideal para este tema.

            Fue el violín el encargado de empezar con la siguiente canción, “Speedway at Nazareth”, canción que puede oírse en el disco “Sailing to Philadelphia”. El tema destaca por el solo de guitarra en el que desemboca la canción. Fue aquí, en este solo, donde Mark dio una lección magistral de guitarra a todos los allí presentes.

            El próximo, es uno de esos temas, que todo el que se precie de ser seguidor de Dire Straits, ha de considerarlo como una de las mejores canciones del grupo, la canción no es otra que “Telegraph Road”. La versión que se nos ofreció fue algo escueta para los que tenemos quemado el Alchemy y estamos acostumbrados a la mejor versión del Telegraph Road jamás hecha. Una de las anécdotas del concierto fue, que en plena ejecución del tema, Mark Knopfler tuvo que pelearse con la guitarra desafinada que le habían colgado, y sin alterarse lo más mínimo, tuvo la paciencia de ponerse a afinar su Pensa de oído, entre intervención e intervención. Esta versión se salva por el solo de guitarra con el que nos deleito al final de la canción.

             Una vez concluido este temazo, otro poquito de “oeee oe oe oe” y el concierto continuó con otro de los clásicos de Dire Straits, Brother in arms, en esta versión, la canción se adornó con punteos de laúd y sonidos de acordeón que le daban un toque diferente.

            Nos habíamos  relajado un poco deleitándonos con esta canción, pero el  concierto seguía y era con otro de los grandes temas de Dire Straits, So far away. La recta final del concierto era inmejorable. Con todo el respeto del mundo hacía un maestro como Mark Knopfler, lo que la gente quería oír eran los clásicos de Dire Straits, y en este caso, se nos permitió hacerlo.

            Tras esta canción, los músicos y el maestro se despidieron y salieron del escenario (un pequeño paripé). La verdad es que poca gente se asusto en ese momento, todos sabíamos que se nos debía como mínimo un bis, si no dos, y efectivamente Knopfler y su banda volvieron a aparecer, esta vez, para tocarnos Piper to the end, la canción que cierra el disco de la gira y, por desgracia, la canción que también cerró el concierto. Algunos continuábamos haciendo cuentas, pues en los anteriores conciertos Knopfler venía tocando entre 15 y 16 temas y teníamos la esperanza de que no nos íbamos a ir de allí sin oír Local Hero. No fue así. Los focos se encendieron y los que estábamos más cerca del escenario pudimos ver como Mark bajaba por un lateral del escenario y se dirigía a los camerinos.

            Eran las doce de la noche y la velada había concluido. Solo quedaba salir de la plaza y darse una vuelta por el Merchandising para comprar algo en caliente: Camisetas de la gira a 30€, llaveros, mecheros… en otro stand se podía comprar un pen-drive con el concierto recién grabado por 25€, esa noche hicieron negocio.

            Una vez fuera de la plaza, solo quedaba acabar con el ritual de los grandes conciertos, es decir, buscar un buen bar y discutir si el maestro ha estado mejor o peor en esta o en la otra canción.

Antonio Manuel Hernández Franco
Jaime Hernández Sánchez

MARK KNOPFER y una muestra de sus GUITARRAS

 

Los COLEGAS de MARK KNOPFLER

 

Fotos:  Diego

      

 

 

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